El Ser Genérico y su Secuestro
El Gattungswesen en el siglo XXI.
Marx lo vio venir sin saberlo.
En los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 describió algo que los economistas de su época no querían nombrar: el ser humano no es solo un animal que trabaja. Es un animal que crea. Conscientemente. Libremente. Para la especie entera. A eso le llamó Gattungswesen — el ser genérico. La capacidad de producir no por necesidad inmediata sino por belleza, por ciencia, por comunidad, por el puro placer de hacer algo que no existía antes.
La alienación capitalista no es solo robo de salario. Es robo de esencia. El trabajador alienado no pierde solo el producto de su trabajo — pierde el acto mismo de crear. Su humanidad se convierte en mercancía. Su tiempo, en tiempo del capital. Su cuerpo, en instrumento de producción ajena.
Eso era el siglo XIX.
En el siglo XXI el robo es más elegante. Más silencioso. Más total.
Porque ya no te roban las manos. Te roban la mente antes de que sepas que la tienes.
El Algoritmo Genérico vs. El Algoritmo Alienado
No luchamos contra los algoritmos.
Luchamos contra la alienación de los algoritmos.
Esta distinción no es semántica — es la diferencia entre una herramienta que libera y una jaula que administra.
Sirve a la colectividad. Su propósito es el bien común, la solución de problemas universales.
Transparente y auditable. Su código es abierto — todos pueden verlo, entenderlo, mejorarlo.
Facilita la cooperación universal sin intermediarios explotadores.
Sirve a una corporación. Su propósito es la maximización de ganancias para unos pocos.
Opaco y propietario. Una caja negra que no rinde cuentas a la sociedad que afecta.
Nos divide, nos encierra en burbujas, nos enfrenta y nos vigila.
Cada vez que usamos software libre, que exigimos transparencia, que construimos redes federadas — estamos desalienando el ser genérico digital. Estamos devolviendo el algoritmo a la especie.
Anatomía de una Alienación: El Caso Target
Minnesota, 2012.
El estadístico Andrew Pole desarrolló para Target un modelo predictivo capaz de detectar embarazos antes de que las propias mujeres los confirmaran. El algoritmo analizaba patrones de compra — cremas sin olor, suplementos de zinc, bolsas grandes — y asignaba una puntuación de probabilidad de embarazo a cada cliente.
Una tarde un padre furioso entró a una sucursal exigiendo explicaciones. Su hija adolescente había recibido cupones de ropa de bebé y cunas. Semanas después llamó para disculparse. Su hija estaba embarazada.
El algoritmo lo sabía antes que el padre. Antes que ella misma.
Detente aquí un momento.
El algoritmo poseía una verdad estadística sobre el cuerpo de esa joven que ella misma ignoraba. Su subjetividad — su propia vivencia corporal, sus dudas, su proceso íntimo — fue desplazada por la objetividad algorítmica construida desde sus huellas de consumo.
Eso no es una anécdota de marketing. Es un paradigma ontológico.
El capitalismo de vigilancia no quiere solo venderte cosas. Quiere redefinir lo que eres. Quiere que la verdad sobre tu cuerpo, tus emociones, tus deseos — le pertenezca a ellos antes de pertenecerte a ti.
Y si puede hacerlo antes de que nazcas, mejor.
#AlgorithmicBabys — La Definición
Un #AlgorithmicBaby es el producto más acabado del capitalismo de vigilancia: un ser humano constituido como unidad económica antes de nacer. No fue alienado — fue formado. El capital no esperó a que desarrollara un Gattungswesen para robárselo. Lo sustituyó en el origen. Su deseo no fue secuestrado — fue diseñado. Su identidad no fue distorsionada — fue manufacturada. Primera generación en la historia humana cuya esencia creativa y social fue colonizada antes de tener conciencia de sí.
No son hijos del capital. Son su obra maestra.Son la primera generación cuya existencia fue mediatizada y capitalizada por un algoritmo antes de tener conciencia de sí mismos. Hijos no solo de padres humanos, sino de un ecosistema de vigilancia que anticipó su existencia, estimó su valor como cliente y diseñó un embudo de marketing para ellos antes de nacer.
No los alienaron. Nacieron alienados. No los capturaron. Los formaron. Nunca conocieron el antes de la jaula porque la jaula llegó antes que ellos.
Somos el humano que no eligió lo que ve. Que no posee su propia creatividad. Que no reconoce que es el producto. Que trabaja para las plataformas sin saberlo, generando valor del que jamás verá un centavo.
Creemos que usamos Instagram, TikTok, YouTube. En realidad somos usados por ellos.
La Trinchera Ontológica
Nuestra lucha no es solo técnica. No es solo política. Es existencial y de clase.
No queremos mejores algoritmos de recomendación. Queremos la propiedad colectiva de los algoritmos. Queremos devolver al ser genérico humano el control sobre su expresión algorítmica.
Usando herramientas que envenenen los datos, que hagan opaco lo que ellos quieren transparente. Adblockers, comportamientos aleatorios, datos contaminados. La opacidad como acto político.
Exigiendo transparencia, construyendo alternativas federadas, eligiendo software que responde a la comunidad y no al accionista. Cada instalación de software libre es una trinchera ganada.
Recuperando la conciencia corporal, la intimidad, el derecho al misterio y a la opacidad. El derecho a existir sin ser predecido. El derecho a ser una incógnita para el capital.
Porque si la infraestructura de tu identidad la controla tu enemigo — ya perdiste antes de nacer.
Y nosotros llegamos a disputar eso.
La pregunta no es si podemos salir.
La pregunta es si tenemos los huevos de intentarlo juntos.
Desalienación o muerte digital ✊
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